Opinion

24.oct.2014 / 02:15 pm / Comentarios desactivados

Definitivamente, en el caso del Alcalde del Municipio Libertador, Carlos García, cabe aquella licencia poética de que pone un circo y le crecen los enanos. Y es que no puede uno perder la capacidad de asombro ante el descaro y caradurismo de quien presuntamente ocupa la primera autoridad municipal, y que sin ocuparse de mantener limpias las calles de la capital del Estado, habiendo abandonado sus funciones en materia de seguridad, y no teniendo siquiera un plan municipal coherente con las necesidades de la población merideña y de la región, pretende eso sí, poner piedras de tranca a las obras que adelanta el gobierno revolucionario para atender la caótica situación en la que han dejado dos gestiones municipales a cargo de la oposición.

Lo que no sorprende es que el Alcalde enfile sus enanismos políticos, asumidos por voceros designados para tal fin, en contra del proyecto de Intervención Integral del Casco Central de Mérida, que no busca otra cosa que garantizar las condiciones de desarrollo que requiere la capital del Estado y con ello beneficiar a todo el pueblo, chavistas y opositores incluidos, que actualmente padecen el desgobierno de García.

Así, vemos cómo surgen voces, bien desde el Concejo Municipal, bien desde Comisiones de la Alcaldía que se asumen como expertos -que mas que currículos tienen prontuarios- en materias como urbanismo o patrimonio arquitectónico, entre otras, pero que pocos logros pueden mostrar, más allá del estado de abandono en el que mantiene el gobierno municipal los espacios públicos de la ciudad y la ignorancia que exhiben sin pudor alguno.

Con argumentos tan absurdos como, una ordenanza publicada en gaceta municipal hace casi treinta años que carece de un Plan que le dé marco y fundamento, una propuesta de Plan de ordenamiento de aquellos días que ni siquiera fue aprobado, un inventario patrimonial que ellos mismos desconocen y vulneran, con credenciales profesionales y técnicas como el pavimentado del estacionamiento del rectorado de la ULA y la acera del edificio Hermes que con tres meses de lluvia su primera capa prácticamente ya desapareció, pretende el actual escuadrón-mete-la-pata ponerle mano a los recursos que el pueblo dispuso para el proyecto de Intervención Integral de los Cascos Centrales del Estado Mérida y de no ser así, entorpecer y paralizar las obras. Todo esto en un baile cantinflesco en el que dicen no saber nada del proyecto, luego exigen reconocimiento a sus aportes en las mesas de trabajo organizadas por la gobernación con el poder popular, para cerrar con el reclamo del ejercicio de competencias sobre un proyecto que evidentemente excede su escala y sus capacidades.

 Y es que lo que a todas luces desconocen tanto el Alcalde como sus enanos es que el ejercicio del poder protagónico hace años que dejó de estar secuestrado por una pequeña cúpula, que amparada en títulos o cargos pretenden decirle al pueblo cómo vivir, incluso cuando eso implica imponerle al pueblo una vida de basura y caos, como pretende hacer García con las y los merideños.

Como dijo un tristemente célebre pariente político del alcalde, no se le puede pedir peras al horno, y tampoco se puede esperar gestos de gigantes por parte de enanos. Sin embargo, queda confiar en que el Alcalde y su gestión recuperen un mínimo sentido común que los lleve a entender el momento político clave que demanda de ellos un ejercicio más sensato del poder que no evite o se interponga en el desarrollo de un proyecto que demandan incluso sectores de la oposición local.

Sería interesante que el Alcalde y sus enanos hicieran el ejercicio de ensayar lo que le dirían al pueblo de Mérida de tener que explicar que gracias a su enana visión de la política pudieran impedir el avance de obras como la instalación de wifi gratis para todos, de una ciclovía y refugios dignos para motorizados, de espacios para la cultura, kilómetros de espacios peatonales con patrullaje inteligente en el Casco Central, entre otras muchas.

Nos queda la tranquilidad de saber con certeza que este pueblo cuenta con un gobierno revolucionario y un poder popular articulados y dispuestos a jugarse todo por el beneficio de la región, y con instrumentos legales para demandar la ejecución de los recursos dispuestos para el desarrollo del vivir bien de los habitantes de Mérida, e incluso para demandar un gobierno municipal más digno.