Opinion

23.jul.2016 / 04:07 pm / Comentarios desactivados

Con el lanzamiento de la Gran Misión Abastecimiento Soberano, que pone en manos de las Fuerzas Armadas Nacional Bolivarianas el objetivo de establecer “orden y control” en los procesos de producción y distribución de alimentos y productos básicos, ocurren dos cosas.

Por una parte, la sola noticia desató la profunda ira de los sectores que se oponen a que el gobierno tome medidas para resolver la crisis, es decir los escuálidos, los que quieren que haya crisis bastante hasta que “caiga” el gobierno y “puedan” agarrar ellos el coroto. Su ira proviene de las profundidades de su miedo, pues le temen a la Fuerza Armada que desde hace años no es cómplice de sus intereses políticos y, más aún, le temen a la sola idea de que esta misión sea efectiva para resolver los problemas de abastecimiento que, al fin y al cabo, son el real catalizador de las definiciones políticas en términos de encuestas y votos.

Lo segundo que ocurre, es que se pone de manifiesto una situación que debe ser conducida de manera coherente, y esto es que la dimensión de la distorsión en el abastecimiento (distribución) de los enseres básicos es realmente enorme, tanto así que requiere que la Fuerza Armada actúe directamente. El problema de la distribución no es un problema que debe ser atacado aguas abajo, en el pequeño y mediano bachaqueo y acaparamiento. El problema mayor está en el “gran bachaqueo”, o bachaqueo “corporativo”, como lo llamó hace días el vicepresidente de la República, camarada Aristóbulo Isturis.

Ciertamente, en el proceso de almacenamiento, traslado y distribución final para la comercialización actúan elementos que no son simplemente comerciales o administrativos, sino que se mueven células mafiosas que ostentan un poder fáctico, es decir, un poder económico y de fuerza.

Existe un malandreo comercial, por decirlo en términos llanos. Los que procesan y producen, o importan para vender, en alianza con los que tienen los almacenes y los camiones para transportar, ejercen un poder discrecional para retener los productos, para distribuirlos como se les viene en gana y cuando se les viene en gana, con la intención simple y perversa de maximizar todo lo posible las ganancias y, al mismo tiempo, generar el caos del desabastecimiento que permite reproducir las condiciones para que esta práctica sea permanentemente, y cada vez más, rentable. Es por esto que se hace necesario oponer a esta fuerza, a este poder, una fuerza que tenga la capacidad operativa y coercitiva para corregir las distorsiones. Las Fuerzas Armadas Nacional Bolivarianas de manera Constitucional, es el recurso que tiene el Estado para garantizar el orden y la seguridad y su capacidad para corregir las distorsiones es lo que hace que la oposición política y mediática actúe de manera tan violenta contra esta decisión, difamando, insultando y denostando a la medida en sí misma y a los militares.

Vladimir Pineda Ramírez

Militante del PSUV/Municipio Libertador del Estado Bolivariano de Mérida

Mérida, 23 de Julio de 2016.