Opinion

25.jul.2016 / 04:47 pm / Comentarios desactivados

Desde hace bastante tiempo surgen interrogantes de cómo gobernar a la ciudad de Mérida, con tanta intelectualidad, una ciudad que engendra cultura, investigación, academia, historia o sencillamente como dijera uno de los mayores exponentes de las letras Mariano Picón Salas: “Mérida es una Universidad con una ciudad por dentro”.

Pues entre tanto disertar, en medio de la tragedia que nos ha tocado vivir los últimos años con los gobiernos municipales, suena paradójico decirlo, pero ésta ciudad terminó siendo gobernada por cualquier monigote  que aprenda a montar show, que haga maestría en mentiras y diplomado en falsedad.

Entre las cosas que NO puede dejar de hacer un alcalde de la ciudad, es ser amigo del Rector de turno y el primer viernes de cada mes debe confesarse con Baltazar Porras; debe tener bastante suero, no para los ambulatorios, sino para hidratar a las damas vestidas de negro que salen a broncearse en la Av. Las Américas cada cierto tiempo y agarrar aire para cuando se aproxima la menopausia;  debe dejar de recoger la basura y hacer ciclo paseos por ella, asimismo, debe grabar videos nocturnos saliendo de las discotecas ebrio y cuando la seguridad mande a parar el carro que no puede conducir por llevar varios grados de alcohol en la cabeza, grite con voz aguda “Soy un perseguido político, Capriles ayúdame”, del mismo modo, debe ostentar un alto nivel de egocentrismo y a cada momento decir “YO lo twittee primero, YO lo subí  por Instagram, YO lo elegí en el Facebook, eso estuvo mal pero YO declare en el periódico, YO,YO YOYO.

No puede ser cualquier Alcalde, debe decir que la plata no le alcanza para pagar nóminas, que la dictadura de Maduro lo tiene pasando hambre y por eso en sus 33 años no ha podido subir medio kilogramo; que no lo dejan Gobernar porque aún escucha la voz de Chávez, que se siente solo porque Capriles esta en New York, perdón, en Miranda; que Alexis Ramirez un día se tropezó con él, levanto la voz y lo dejo aturdido, que los colectivos lo quieren desvestir, que no soporta más marchas de chavistas, que se siente atemorizado y se desvela todas las noches pensado en cuando se acabara el régimen, en fin,  debe tener muchas, pero muchas ganas de ser candidato a la Gobernación, porque todo el que llega a la alcaldía de Mérida no puede irse sin querer degustar ese suculento plato, es como si ser Alcalde de la ciudad de Mérida, con méritos o sin ellos te da patente de corso para aspirar a lo que sea.

Un Alcalde de Mérida debe gozar de inmunidad para conspirar, debe aliarse con los grupos violentos y hacer guarimbas cuando se le antoje, porque al final será perdonado en el confesionario de Monseñor Porras, No debe faltar el típico potazo para pagarle la beca a los grupos violentos, perdón, para recuperar el piso 3 del IHULA, que ya fue rehabilitado por la Revolución, pero al Alcalde le dijeron que tenía que decir algo, aunque sea, para hacer el ridículo.

¿Dónde está el Plan Municipal de desarrollo; donde queda la competencia de tener una ciudad limpia, de recoger los desechos sólidos; donde están sus planes de Seguridad, Vivienda, Turismo, Salud, Educación, de transitabilidad, donde está el plan para ordenar el casco histórico de la ciudad?

Y es aquí entonces cuando nos preguntamos, ¿Y que hacemos con la Bobera? de este muchacho que al fin de cuentas cree que se  puede gobernar engañando a la gente, que se puede gobernar a punta de redes sociales y con encuestas ficticias, de quien cree que se puede gobernar una ciudad con improvisación, lloriqueos y malcriadeces.

Y que hacemos con la Bobera, la ineptitud, la ineficiencia, la incapacidad, la torpeza, la incompetencia, la inoperancia, ¿Que hacemos Carlos García, le decimos a la ULA  que habrá una maestría para estudiar la desidia de su mala gestión  o hacemos  una misa con Monseñor Porras y oramos?

Maria Alejandra Castillo R.