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16.dic.2016 / 05:20 pm / Comentarios desactivados

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Mérida, 16 Dic. AVN.- Cada año, cuando entusiastas del ecosocialismo se reúnen en Mérida en ocasión del Ecofestival de la papa nativa, no sólo promueven el rescate de un tubérculo ancestral. Tradiciones con 500 años de historia, sabores, nombres, modos de hacer y de ser, vuelven hasta nuestro tiempo.

El Jardín Botánico de la capital merideña suele albergar la jornada inaugural del evento, espacio al que confluyen iniciativas asociadas a lo “sostenible y ecológico”. Este año la cita se realizó del 10 al 13 de diciembre en el municipio Libertador, en Bailadores, municipio Rivas Dávila y en la población de Gavidia, en la jurisdicción de Rangel.

Hay quienes miran la movida como un asunto de moda, pero a los protagonistas de esta historia les parece mucho más que eso.

“Tenemos cinco años enseñando sobre saberes, sabores y recetas, con rubros que estaban desapareciendo”, comentó Anacelis Méndez, integrante del colectivo agroecológico Mano a Mano.

Este año en el quinto encuentro, Analcelis destacó la cualidad del Ecofestival como espacio social para el intercambio de rubros y conocimientos.

Néstor Pulido, integrante del comité organizador, confirmó la participación de alrededor de 30 familias productoras de papa nativa, provenientes de Gavidia, un enclave del páramo, ubicado a unos 27 kilómetros al noreste de la capital merideña.

Pulido se identifica como luchador social. Es ingeniero de sistemas y comunicador popular, dedicado a fomentar la agroecología, visión que apunta a la sostenibilidad, es decir a satisfacer necesidades presentes, sin comprometer recursos y hábitat de las generaciones futuras.

Recetas ancestrales y del presente

Nombres y formas de comer venidos de tiempos ancestrales, impresionan los paladares contemporáneos que degustan el saní, polvo o condimento preparado con semillas de nabo tostadas y molidas, que tiene textura de café, un sabor único y desconocido, incluso para avezados “gourmets”.

En hogares del páramo se sirve la papa tal como se sirve el pan en las mesas convencionales: En un canasto o plato central. Los comensales toman la papa con la mano, la impregnan con el saní y la comen, tal como ocurre con el pan en las ciudades.

A esta forma de hacer tan particular, que rescata el festival, se añaden recetas tradicionales y nuevas elaboradas a partir de rubros nativos.

Pastel criollo de papa, pastel de papa con acelgas, truchas con papa, papas rellenas con nabos, pizca andina, papas chorreadas, dulce de papa con arroz, tortillas, ponche de papas y hasta pan a base de tubérculos, ofreció este año el V Festival de la papa nativa.

600 años de resistencia

Cuando los merideños hablan de papa nativa, hablan de resistencia y de rescate de semillas. Para algunas personas, sobre todo las contemporáneas, resulta extraño aquello de “rescatar papas”.

Ocurre que la producción de papas nativas languideció y mermó, casi hasta la extinción en los últimos 500 años.

En época de la colonia, los otrora europeos introdujeron el trigo en América, desplazando la producción de tubérculos. Para ellos, un rubro proveniente de las capas superficiales del suelo no era apto para el consumo.

Posteriores generaciones de campesinos del páramo, paulatinamente hallaron las papas nativas en “tinopós”, áreas de terreno con tubérculos abandonados, pero preservados, espacios de donde los agricultores extrajeron semillas para sembrar en sus huertas, derivando esta práctica en muchas de las variedades rescatadas hoy.

De lo artesanal al escalamiento

El Festival de la papa nativa es la expresión artesanal, de divulgación y de intercambio de un trabajo de mayor envergadura, impulsado en Venezuela desde instituciones del Gobierno con apoyo de productores locales.

Es en esta fase, la tecnología y la ciencia vienen en apoyo del agricultor artesanal, para propiciar el escalamiento de la producción.

Desde hace trece años, el Centro de Biotecnología de Producción de Semillas Agámicas, ubicado en el municipio Rangel de Mérida, ha generado semillas para producir 3 millones de toneladas de papa, es decir, unas 230 mil 700 toneladas anuales.

En septiembre de 2016 el Estado suscribió un convenio de financiamiento por Bs 33 millones con los Productores Integrales del Páramo (Proinpa).

La inversión impulsará la producción de 300.000 minitubérculos anuales, a partir de técnicas aeropónicas en 1.000 metros cuadrados de invernadero.

Se prevé que esta iniciativa cubra en tres años el 30% de la demanda de semilla local, para unas 11.000 hectáreas de terreno.

Cada kilo de papa que llega a hogares venezolanos, cosechado a partir de la semilla nacional, es producto del esfuerzo combinado de preservación y desarrollo, impulsado por el saber ancestral de los trabajadores del campo, por el conocimiento de científicos venezolanos y la inversión del Estado.