Opinion

7.feb.2017 / 03:27 pm / Comentarios desactivados

La  violencia ha sido y es el único camino que han encontrado las distintas fuerzas opositores para sumar adeptos y ganar espacio político.
Hoy nuestra ciudad vio y padeció su efecto, con una variante. En vez del ataque colectivo, de la agresión a un sector o grupo de usuarios y transeúntes; hoy la violencia se concentró en la persona.
Pareciera ser una forma de castigo e intimidación. La acción ejemplarizante y manifestación de fuerza.
El ejercicio de la violencia como forma política que quiere por medio de su acción violenta intimidar, paralizar, desmotivar e inmovilizar; con ello pretenden los distintos factores y grupos  de partidarios de la oposición escalar y conquistar el poder. Es su argumento. Su razón, su estrategia.
Hoy como manifestación de esa forma del ejercicio y cultura de la agresión, de la violencia fue agredido un joven estudiante en Ejido por reclamar su derecho de pasaje estudiantil. La paradoja es que los agresores fueron choferes, conductores de las unidades y líneas de transporte que históricamente han sido defendido y por quienes han luchado los estudiantes.
En nuestra ciudad de los caballeros, la universitaria y turística Mérida fuimos testigo de la agresión física que sufrió el Ing. Omar Gutiérrez, Presidente del Instituto de Aguas de Mérida por un grupo de estudiantes. Esta vez no fue en defensa de agresiones ni en una refriega con la policía. Ahora es el uso de la violencia como terror que paralice la acción movilizadora y política del otro.
Ese accionar tiene un efecto temporal e inmediato pero en nosotros, en el pueblo en general; incluso en muchos sectores  de oposición esos actos han generado el más profundo repudio.
Debemos advertir que ya este es uno de los más altos niveles de forma de la violencia. Ya no es la agresión grupal. La violencia psicológica.
Que podemos   esperar de la oposición si sólo sabe del ejercicio de la violencia…
Hector López