Opinion

3.mar.2017 / 06:05 pm / Comentarios desactivados

Para nadie es un secreto el éxito de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción  (CLAP), en términos de su alcance a las familias venezolanas, no sólo llegando hasta los hogares más pobres o los hogares chavistas, sino también, al de los oposicionistas más recalcitrantes, al de los oportunistas clientelares mal llamados “ni-ní” y, también, a todos aquellos hogares de familias llamadas de “clase media” en términos capitalistas, me refiero a los emancipados en dieciocho años de revolución chavista, que hoy denostan de su emancipador,   tanto, que esa derecha opositora que odia al gobierno chavista que preside Nicolás Maduro, ha asumido el control de los CLAP en sus comunidades y hasta grupos de WhatsApp tienen, en donde prohíben hablar bien  del gobierno, de Chávez o Maduro y cuando llegan las bolsas de alimentos o cajas mexicanas, lo muestran y anuncian como “una lucha librada por ellos”, sin protagonismo alguno o reconocimiento del Estado y gobierno revolucionarios.

      Así están las cosas, aunque la guerra económica obligó a ese repulsivo  (por lo irracional e iracundo) oposicionismo o escualidismo, a dejar atrás la exquisitez con pose burguesa, para beneficiarse de este programa  en cuanto al abastecimiento, ya que ellos no están dispuestos a producir nada, porque se sienten dizque “emprendedores” y sólo hacen “emprendimientos” en   beneficio y lucro personal, nada de esas  colectividades que practicamos los comunistas castrochavistasmaduristas.

     Así también las cosas, estamos obligados, Pueblo y Gobierno, Gobierno y Pueblo, a profundizar la  ofensiva económica, pues, aunque se han hecho muchas cosas importantes y muy valiosas, la principal determinación es la económica y el principal agobio en la población no es el abastecimiento, porque ningún mezquino puede esconder u ocultar que eso ya fue superado por el gobierno, tendiendo a normalizar el  abastecimiento, a pesar del boicot de la derecha criolla e internacional.

     Estos programas aunque exitosos en  la actual circunstancia, sólo son un aspecto  y parte de la táctica dentro de la ofensiva económica. De allí, el celo del Presidente Nicolás Maduro, para que no se desdibuje el sentido de los CLAP y de la ofensiva económica.

     Dicho en términos menos pedestres y apelando al conocimiento científico de las conductas colectivas, atenidos además,  sobre las comprobaciones empíricas del “análisis concreto de la realidad concreta”, según esta premisa marxista, tenemos que:

1. A partir del psicoanálisis de masas y de la sociocrítica, entendemos que el Pueblo o la psique colectiva no actúa agradecida, sino en términos maniqueos de identidad e identificación, revancha y justicia;

2. La conducta colectiva venezolana, aprendida e imperante, es cristianopablista católica y evangélica, con los antivalores y costumbres del capitalismo y sus relaciones sociales de producción, vistas, vividas y sentidas como normales, razón por la cual;

a) colectívamente, nadie siente en su fuero interno, ningún empoderamiento con los CLAP, sino que lo conciben como un  paliativo y compensación por algo que hemos perdido (precios razonables, productos a la mano y abundancia), mientras que, mediáticamente, sectores de la derecha  le han vendido al pueblo que perdió su  “libertad”, sin saber que no hay nada más consumista, esclavizante y autómata, que el  ir al supermercado, aunque éste es cómodo y especulativo, razón por la cual lo expuesto por el Presidente Nicolás Maduro, es un  acierto,  al señalar que estos CLAP  deben tener un contenido y formación entre sus miembros, que los lleve a superar el inmediatismo y a darle un sentido que no se quede en la bolsa del mercado, ni en la mera producción artesanal o primitiva, sino que puede ser el inicio para empezar a cambiar las relaciones sociales de producción;

b) No podemos confundir resignación y rabia contenida, con satisfación o superación de la crisis, porque esa gente que hoy recibe la bolsa del mercado a precio justo o solidario, la misma que hace largas colas para comprar racionado el pan, como la que paga a precios exorbitantes, están macerando su venganza irracional y bruta de una población, de la que un grueso bastante amplio, es soberanamente inculta y estupidizada mediáticamente, que no se ha detenido a percatarse de que el noventa y dos por ciento (92%) del aparato productivo venezolano está en manos del sector privado y ese sector de comerciantes y prestadores de servicios, hoy son híperpluscuammillonarios a costa de los pendejos que tenemos que pagar a precios irracionales lo que ellos nos vendan y en sus términos humillantes;

3. Una ofensiva económica  implica ataque y liquidación de los elementos que crean la crisis, aspecto no visto en la esfera de lo político-social, porque nadie, absolútamente nadie, ha combatido de frente a los elementos y agentes que crean la crisis, además de que en la percepción y memoria colectiva de corto y mediano plazo, nadie percibe actos de justicia, confrontación, liquidación y superación de estos agentes, lo que implica que la guerra económica sigue y se profundiza, con la reificación de;

a) la anarquía de precios y el bachaqueo de los choros de cuello blanco y  el bachaqueo de lycras fosforescentes y marginales con cara de malandro, con  las largas colas en panaderías, supermercados, ventas de gas doméstico, etc., que son diarias y miserabilizan la vida individual y familiar;

b) la abulia, desidia y complicidad de la SUNDDE con respecto a comercios y servicios, más allá de la crítica y rumor de pasillo, ha contribuido enormemente a que el Pueblo se sienta defraudado y desamparado frente al sobreprecio, especulación, largas colas y arbitrariedades,  hechos graves que han arruinado a la familia trabajadora traicionando así,todos los esfuerzos hechos por el Presidente Nicolás Maduro, los trabajadores y Pueblo en general;

c) la duda  y suponer  la ignorancia del Pueblo, cuando no nos atrevemos, en serio, a empoderarlo de verdad, convirtiéndolo en Fiscales Ad Hoc contra la guerra económica, con el poder que nadie le regala, sino el que le otorgan las cinco  (5) leyes del Poder Popular, vigentes desde  el año dos mil diez  (2010), para que ataquen, cual ejército y venzan la guerra económica en todas sus manifestaciones, amén del cómodo aniñamiento nuestro colectivo, pues dejamos en manos de Nicolás Maduro, de los gobernadores  y de unos funcionarios, muchos de ellos abúlicos, el derrotar la guerra económica;

4. Reencantar con  triunfos del Pueblo, palpables, en una ofensiva económica que confronte abiertamente, porque para nadie es un secreto que en  esta guerra económica, la falta de todo, las largas colas y la anarquía de precios,  lo que buscan es la salida de Nicolás Maduro y nos augura una derrota electoral  avisada, como calcularon desde la U.S. Embassy  en Caracas, la MUD, Fedecámaras-Venamcham y la Conferencia Episcopal Venezolana, además del riesgo de  la caída de la revolución bolivariana, socialista y chavista, si no atacamos y confrontamos  a los agentes causantes de esta crisis provocada y no inducida como la califican algunos cándidos analistas y políticos conceciólogos;

5. El Pueblo se aferró al Comandante Chávez, más por lo que atacó, que por lo que hizo, aunque obró maravillas, materiales e inmateriales, tangibles e intangibles, porque Chávez como mitema del mesías, representó el revanchismo legítimo, la justicia y reivindicación de los inermes, mientras que al Presidente Maduro las circunstancias adversas lo llevaron a dedicarse, desde el dos mil trece  (2013), a defendernos de los ataques externos e internos, haciendo muchas cosas, muy buenas muchas de ellas, pero sinque el resto de funcionarios e instituciones   pasaran a la ofensiva, hasta diciembre del dos mil dieciséis  (2016) y enero del dos mil diecisiete  (2017), en donde el Pueblo lo percibió y se sintió partícipe y reivindicado, después de tantas agresiones económicas y la depauperización de los trabajadores.

     Desafortunadamente, otra vez,  empezó a desinflarse la imagen de la  ofensiva económica, tanto del Pueblo, como del gobierno en general, por cuanto estamos centrando nuestra atención en aniñarnos como ciudadanos en espera de que nos lleguen las bolsas de los CLAP, que recibimos con rencor y sin agradecimiento, mientras que la impunidad de los ladrones especuladores y agentes de esta guerra económica, se exhiben con descaro inusitado. Es tiempo, entonces, de fortalecer los CLAP, al mismo tiempo que  acometamos acciones ejemplares que conjuren el accionar de los agentes de la guerra económica, al igual que, al mismo tiempo, comiendo chicle y caminando a la vez, impulsemos, como socialistas, el desarrollo nacional. La ofensiva económica no es pacífica, ni cómoda. Es ruptura y confrontación, hasta vencer. ¡Patria y Socialismo! Venceremos.

Prof.  Luis Pino

@l2pino2