Opinion

9.may.2017 / 08:44 pm / Comentarios desactivados

He ahí, los resultados de la jugada maestra y macabra de la ciudadana Fiscal General de la República (FGR), abogada Luisa Ortega Díaz, quien irresponsablemente, tal y como la pajeó la directora de su despacho, se confabuló con lo más abyecto y bajo de la política burguesa cuartorrepublicana venezolana y con la injerencia extranjera, para derrocar al legítimo Presidente Nicolás Maduro y violar impunemente la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), a la que ella, como gran servicio al golpismo criminal, pretende violentar a partir de la “ruptura del orden constitucional”, que ella misma denunció irresponsablemente, sin prueba alguna de su parte, como punto de partida para las acciones criminales que desde ese día arrancarían a nivel nacional, amparada por la  total impunidad que ha protegido a esta dama de la FGR, gracias, entre otros pésimos precedentes, al culillo y celestinaje que desde el Poder Moral Republicano y del mismo Tribunal Supremo de Justicia, de donde no ha recibido, tan siquiera una amonestación, por tamaña irresponsabilidad, concierto para delinquir, omisiones y otros tantos delitos.

     Los resultados de esta macabra estocada de la abogada FGR, no son otros que la mortandad causada a manos de terroristas, que desde la infeliz mañana en la que ella, de manera artera y engañosa, en la infeliz entrega de su Memoria y Cuenta, nos habría de recordar, ahora, el porqué de tal pachotada de su parte, en la que arrancó formalmente, la rebelión de asesinos, que han derivado en:

  1. chavistas asesinados a mansalva por francotiradores, terroristas asesinos, que han entrenado en la oposición para tal fin, muchos de ellos, venidos de la república de Colombia, cuyo ingreso al suelo venezolano fue hecho por varios diputados andinos del Partido MUD y financiados con el dinero sucio del narcotráfico colombiano, dinero de la Embajada de Estados Unidos de Norteamérica en Caracas y dinero proveniente de varios empresarios dueños de hoteles, panaderías y la Cámara de Turismo del Estado Mérida, entre otros financistas de la muerte;
  2. Tontos útiles utilizados como carne de cañón por sus propios convocantes del oposicionismo de la MUD, quienes ávidos de sangre, han asesinado a jóvenes opositores, como hicieron con el joven estudiante de la Universidad Metropolitana (UM), a quienes ellos, asesinaron con una pistola de pernos, entre otras víctimas;
  3. Simples transeúntes de la ciudad, asesinados vilmente, como la señora a la que un criminal le arrojó una botella con agua congelada, entre otros  ciudadanos que iban a sus trabajos o estaban en ese momento, en el lugar más indicado para que los terroristas encapuchados que acompañan cada supuesta marcha pacífica, los asesinaran, como están haciéndolo cada día y lo van a seguir haciendo, porque el cálculo de la dirigencia opositora detrás de bastidores y sus bufones públicos de la política fascista, consiste en alcanzar un número determinado de muertes que justifiquen un ablandamiento terrorista de la población.

      Todo este plan de asesinatos de esta rebelión de asesinos, obedece, en primer orden, al paso previo para una incursión armada extranjera, con la burda excusa de venir a Venezuela como ayuda humanitaria, de cuya acción, pretenden liquidar, es decir, asesinar, al presidente constitucional, a los gobernadores, a los dirigentes chavistas que fueren necesarios y a esa masa militante que ha resistido pacíficamente, los ataques de esa derecha asesina, alzada en armas y con técnicas de asesinato y rebelión, no convencionales e inusitadas.

     Estos muertos, son, en gran medida, el resultado y culpa de la acción criminal e irresponsable de la ciudadana Luisa ortega Díaz. Peor aún, ella no pagará esos muertos, ni enfrentará la justicia, lo que, paradójicamente, mejor dicho, cínicamente, nos lleva a concluir que quienes la denunciamos, paguemos las consecuencias, que van desde nuestra integridad física, porque, tal vez, nos asesinen, como también, tengamos que enfrentar acciones legales, en esta justicia burguesa que todavía subsiste y está muy bien fortalecida, gracias a que la legislación burguesa está hecha a la medida de quien tiene poder, como es el caso de la señora Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República.

     Más allá del peligro, ut supra, mencionado, existe un grave daño que está dándose en esa pléyade de fiscales del Ministerio Público, quienes siguiendo directrices de la FGR, cambian la calificación de terrorismo y asesinato premeditado y voluntario, concierto para delinquir, autoría intelectual, entre otros delitos conexos, por aquello de simple “vandalismo”, porque el compromiso de esta dama con los hilos del poder fascista y golpista, es garantizar la impunidad y libertad de los asesinos que están haciendo de las suyas, a cada instante, desde esa infeliz mañana, lo que hoy, por muchos años y por siempre, nos habría de recordar la traición artera contra el Pueblo, de la abogada fiscal, Luisa Ortega Díaz, como aquel fragmento de Cien años de soledad, que la revolución conjurará, sin que olvidemos el inicio de la novela de Gabriel  García Márquez, que seguramente, ella habrá leído y recordará por siempre, estoy seguro, de que por su inconciencia y sangre fría, ella no entenderá, pero que cito como cierre del presente escrito:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el Coronel Aureliano Buendía, había de recordar aquella tarde remota  en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

     Ojala, la ciudadana Luisa Ortega Díaz, cuando llegue el atardecer de su vida, recuerde los muertos causados por ella, así como Aureliano Buendía recordó  aquella tarde remota, cuando conoció el hielo. Ojalá, ella goce de larga vida, para que recuerde a todos los muertos, como no pudieron ellos, los muertos causados por ella en esta rebelión de asesinos. Yo la recordaré, por siempre, al igual que todas las víctimas que todavía sobreviven y los familiares de nuestros muertos.

Prof. Luis Pino

@l2pino2