Opinion

9.feb.2017 / 11:20 pm / Comentarios desactivados

El bloque opositor al proyecto socialista, es decir, los distintos sectores y grupos de la derecha venezolana que se nuclearon y coordinaron sus acciones entorno al odio a Chavez, vuelven a la mesa de negociaciones y acuerdos para tratar de salvar su política de integración. La llamada Mesa de la Unidad Democrática, donde se juntan las distintas tendencias y  concepciones de la socialdemocracia y el proyecto económico capitalista neoliberal sufre una crisis de redefinición.
Los une el profundo y  muyvsentido odio a Chavez, que cada día toma expresiones verdaderamente alarmante. No cuentan con un proyecto ni un programa integral de desarrollo del país. Su visión es darle fuerza al  mercado, sostener una economía de comercialización y plegarse a los mandatos del capital internacional, entregando por medio de  concesión o de venta todos los recursos y bienes del estado.
Tiene en su contra el peso de una experiencia que dejó ruina, pobreza, muy pocos beneficios sociales; eso sin contar con el saldo de violencia por la aplicación de su política de represión para poder mantener el orden en medio de miles de protestas e inconformidad.
Con proyectos e intereses particulares, un rosario de fracasos a nivel organizacional, político y de mando. Con una mala imagen por actos de corrupción, ineficiencia y no sumarse de ninguna forma ni en ninguno programa o proyecto al desarrollo del país.
Su actuación está marcada por generar, exaltar y aprovechar el descontento. Esa política rindió por su fruto por un tiempo pero al tener la mayoría en la asamblea nacional y entrar en desacato a perdido esa ventaja.
Es por eso que le queda a la oposición la otra opción que le ha brindado frutos… La  violencia.