Opinion

12.feb.2017 / 01:49 pm / Comentarios desactivados

La muy mal auto llamada Mesa de  la Unidad Democrática, ante el fracaso de su política de desconocimiento al estado venezolano, a la constitución y el mandato democrático de ser gobierno democrático, participativo y protagónica; cada día  se auto disuelve y se evidencia su estruendoso fracaso.
No ha podido acabar con el  proyecto bolivariano ni con la constitución que  democráticamente de dio  el país. Primero lo intentó con la matriz mediática. Satanizo todas las propuestas. Luego saboteó desde la industria petrolera y produjo una criminal devastación en nuestra economía. Luego generó una conmoción nacional para justificar un sangriento y represivo golpe de  estado. Posteriormente impulsa acciones violenta de inestabilidad, ingobernabilidad  e inseguridad hasta llegar a la alevosía de La Salida, guarimbera y criminal.
Buscó reiteradamente la aplicación de la carta democrática obteniendo en cada ocasión    una derrota más estruendosa.
Se junta con distintos factores económicos, informativos, delictivos para generar una conmoción nacional de carácter humanitario al intertar el colapso económico, el saqueo de las reservas internacionales y el bloqueo comercial del país. El panorama se completa con la orden ejecutiva del ex presidente de estados unidos, que junto a otros insulsos políticos se han ido sin ver quebrada ni desbastada a la República Bolivariana de Venezuela.
Hoy la MUD, frente a un inocultable fracaso en su accionar en la Asamblea Nacional, profundamente dividida, sin respaldo popular; incapaz de lograr agitar las calles ni de generar violencia y cuando el país da muestra de una recuperación económica; la mud, en vez de buscar la vía electoral y salir a buscar votos; se vuelve a vestir de etiqueta. Exhibe costosísimo trajes para ir a implorar nuevamente una intervención internacional. Vuelve a la OEA a solicitar la aplicación de la carta democrática.
Verdaderamente esta  mesa aunque se vista  de seda se le ve su talante antidemocrático y la derrota.
A esa destartalada mesa le falta la pata de la razón, de la dignidad, de la credibilidad y de la unidad. Es decir, osea, es obvio que se iría demasiado y aunque se vista de seda, mona se queda.
Hector López