Opinion

7.abr.2017 / 05:53 pm / Comentarios desactivados

     Nadie ha causado tanto daño al Pueblo y a la estabilidad democrática, que rompe el orden constitucional, como lo ha logrado  la abogada Fiscal General de la República  (FGR), Luisa Ortega Díaz, con sus reiteradas omisiones en el ejercicio de sus funciones, las que han permitido avances insurreccionales y golpistas de los oposicionismos de derecha, que han fortalecido la impunidad, además del golpe artero cuando, sin ser de su competencia y abusando del cargo que ejerce, acusó al Tribunal Supremo de Justicia de romper el orden constitucional con las resoluciones 155 y 156, sin que la artera Fiscal explicara y fundamentara su atrevida aseveración, porque ese era, precisamente, parte del plan insurreccional.

     Y no porque desde el alto gobierno no se mencione el mecate en casa del ahorcado, significa esto que dentro del seno del gobierno, del chavismo y del Pueblo en su mayoría, no estemos contestes de la amenaza y perversión que representa la ciudadana Fiscal y todos los funcionarios  alineados con el golpismo disfrazado de falsa institucionalidad.

     El caso es que el acicate que necesitan en el plan golpista que dirige el gobierno estadounidense, lo dio la señora Luisa Ortega Díaz y, a partir de ese momento, nada ha importado la verdad, sino que, coordinadamente, han iniciado una seguidilla de actos terroristas y violentos, con el celestinaje del Ministerio Público, que han traído violencia, destrozos, intentos de homicidio y avance en el plan genocida que justifique la incursión golpista armada, para derrocar al Presidente Nicolás Maduro, mientras que en cada estado o región, han pasado a una ofensiva que incluye hasta el asesinato de gobernadores y funcionarios, como lo han propuesto, por ejemplo, en la ciudad de Mérida, el Cardenal arzobispo, Baltazar Porras, el rector de la Universidad de los Andes  (ULA), Mario Bonucci y el alcalde de la ciudad de Mérida y militante del grupo terrorista Voluntad Popular  (VP), Carlos García, tres irresponsables que están forzando y animando, no sólo el paro de transporte y focos de violencia, sino que fundamentalmente, como expresión de fuerza y avance que potencie la  anarquía para tomar el poder a la fuerza, estos tres asesinos  han empujado a grupos extremistas y delincuentes, para que tomen el Palacio de la Gobernación y atenten contra la vida del Gobernador Alexis Ramírez.

     Hay un golpe de Estado en progreso, pese a que parte del plan ha sido conjurado. Pero, la jerarquía eclesiástica nucleada en la Conferencia Episcopal Venezolana  (CEV), llama abiertamente a la insurrección y levantamiento contra el gobierno, desde una infeliz Carta Pastoral que leyeron en todas las iglesias y púlpitos, para sembrar odio y rebelión, atenidos a la patente de corso que les da la sotana y la impunidad, que las omisiones de la FGR les brinda, como escudo protector, “hasta  que caiga Maduro”, como ellos dicen.

     Ahora bien, la crisis económica que la derecha delincuente ha promovido y profundizado, siendo el principal problema que, desgraciadamente, el gobierno revolucionario no ha podido derrotar, va a ser, en definitiva, la que defina el peso de la balanza política y la hegemonía, aunque, por ahora, las maniobras externas desde la OEA y la violencia de los partidos opositores armados,  no han logrado alcanzar la “crisis de gobernabilidad” que han perseguido, lo que los ha llevado a buscar el performance o show mediático, para incursionar bélicamente, a la vuelta de unos días y cuando menos los esperemos. Ya el vecino Juan Manuel Santos está listo para ejecutar la orden dada desde el gobierno estadounidense. Y lo que a lo interno de la República Bolivariana de Venezuela se percibe, es a un Pueblo chavista, moralizado y movilizado, para enfrentar a muerte, a todos los golpistas internos y a las fuerzas bélicas externas que dirige el gobierno del retroconservador Donald Trump. Vamos, entonces, de un golpe de Estado en progreso, hacia una guerra, desigual en armas y superior en contenido y determinación de los chavistas en defensa de la soberanía y de la Constitución. Recordemos que no hay balas y bombas sólo “matachavistas”.

Prof. Luis Pino

@l2pino2