Opinion

8.ago.2017 / 05:58 pm / Comentarios desactivados

Los procesos electorales mueven las pasiones, alianzas, acuerdos y convenios entre las distintas fracciones del poder. Allí es donde los grupos y tendencias hacen lo necesario para fortalecer sus posiciones y reforzar cuotas de poder.
En tales situaciones no es la capacidad de liderazgo, conocimiento o simpatía el que se privilegia; son otros los factores que hacen destacar a un candidato u otro. Es en esas circunstancias en el que el dedo elector hace su trabajo, impone un nombre y posterga el libre ejercicio de la democracia y participación.
En estas circunstancias, las elecciones a las gobernaciones de este año resultan más que interesantes y retadoras. Por una parte los candidatos del gran polo patriótico no van en sus mejores condiciones pero si en un proceso, claro y evidente de recomposición de sus fuerzas y de remoralizacion del chavismo. La oposición se enfrenta a un proceso de disolución y reacomodo que le hace perder capital electoral y coherencia política. Para el país es extraordinario y una ganancia vital el deslinde de la política guerrerista, de las acciones violentas.
Con estas elecciones el terrorismo y la situación de desestabilización del estado, tanto en el plano de su estructura y sistema como en la administración de la justicia. Como regalo, la nación toda gozará de una segunda oleada de impulso económico que permitirá consolidar todos los niveles de producción.
A esta hora, las elecciones son nuestra cuerda de salvación y, yo debo cerrar esta página ya porque me voy a hacer campaña por los candidatos de la patria.
Hector Lopez