Opinion

24.oct.2018 / 08:42 pm / Comentarios desactivados

No había posibilidades de equivocarse. Ese era su destino, su punto de llegada hacia el cual lo llevaban todos sus caminos. Si habláramos en términos hípicos, podríamos afirmar que era una línea, no podía perder. Tal vez algunos con afinidades por los astros, dirían que sus planetas estaban alineados y si se tratara de cartas, aseguraría que las suyas ya estaban marcadas.

Sus cercanías con las corruptelas le apuntaban recorridos; sus aficiones por la violencia, aunque siempre urdiéndola en las sombras, sin dar jamás la cara, también. La cobardía, valga decir, ha sido igualmente uno de sus signos.

Entre medianoche y gallos, con el apoyo de una dama encopetada, “donándole” un dinero que no le pertenecía, sino al Estado, fundó un partido de profundas raíces fascistas. No existió conspiración en estas casi dos décadas, en la cual no estuviera envuelto, según cuentan. La sangre tiñe sus manos, sus sienes, su cejijunto rostro, de homicidas facciones.

Asesinó a un niño, atropellándolo y emprendió huida veloz hacia otros pagos, donde sujetos de su misma calaña lo recibieron con los honores propios de bandidos de alto perfil y pelaje, hienas sin menoscabo de inmundicias para satisfacer sangrientas ambiciones de poder y riquezas. Antes, pateó mesas de diálogo, evitando procesos de paz en nuestra patria, que luego se concretarían vía constituyente.

Luego, anduvo y desanduvo territorios lejanos y cercanos, urgiendo sanciones, salvajes bloqueos, asedios, invasiones, bombardeos, masacres contra miles, millones de inocentes, en un país que ya dejó de ser el suyo.

El magnicidio frustrado del 4 de agosto, también lleva su rúbrica. En nuestras vecindades, halló un nuevo hogar –muy adecuado a sus características y expectativas-, entre impunidades y complicidades, comiendo del mismo plato y bebiendo de la misma copa, de capos de macabros prontuarios, como ese a quien Pablo Escobar Gaviria llamaba “Varito”, cuando le facilitaba el aeropuerto de Antioquia para el despegue y aterrizaje de los narco vuelos, heredero ahora de sus sanguinarios apetitos.

El mismo a quien el coronel Hernán Mejía, hoy tras las rejas, delató como autor intelectual de falsos positivos y nexos con paramilitares, lo cual nada de extraño tiene, pues fue su padre el fundador de tales grupos..

En el narco palacio bogotano, el hoy mandatario títere de aquel, le ha brindado refugio, para tenerlo al lado armando conjuras contra nuestra patria. Allá cultiva delirios etílicos, tal vez aliñados vía fosas nasales, soñando con aterrizar un día para reinar sobre las ruinas de la cuna de Bolívar y Chávez.

Por allá quedará, sus sueños devenidos en pesadillas, difuminado, como un traidor más engullido por la historia; se llevarán los vientos el polvo de sus huesos y por aquí seguiremos nosotros, quienes han de heredarnos, erguidos, victoriosos, sosteniendo banderas de coraje, soberanía e independencia, por encima de alimañas como esa y de quienes lo sustentan.

4F/APC PSUV MÉRIDA