Opinion

25.oct.2018 / 08:40 am / Comentarios desactivados

Siguiendo instrucciones del Comando de Doñitas Roba Matas, me dispuse a entrar en acción, decidido a llevarme para mi casa todo bien público que encontrara en la vía.

Las órdenes del comando fueron muy claras: “todo lo que el gobierno hace, compra o construye, es producto de los impuestos que nosotros pagamos. Por lo tanto, podemos agarrárnoslo cuando nos dé la real gana”.

Emulando el heroico arrojo de una de las voceras del comando, que en una operación suicida desafió el tránsito vehicular de la avenida Bolívar de Caracas y en una rápida incursión desmanteló materos y jardineras recién sembradas; inicié mis escaramuzas metiendo en la maleta del carro toda especie vegetal dispuesta en parques y paseos.

Comencé por el Parque del Este, conocido por ser un excelente reservorio de toda suerte de plantas. De allí me llevé la colección de la familia de las xerófilas y aprovechando que estaba cerca, también metí en la maleta, debidamente desarmada, la concha acústica que tanta falta me estaba haciendo para la sala de mi casa.

Buscando recuperar, al menos parcialmente, tanto dinero entregado al fisco a lo largo de mi vida, emprendí camino hacia Los Caobos y allí le metí mano a la fuente de Narváez, para cuyo traslado debí pedir ayuda a la gente del Museo de Bellas Artes, cuyos trabajadores accedieron gustosos a ayudarme a picarla en pedacitos, los cuales tuve la precaución de enumerar para cuando me toque ensamblarla para ubicarla en el balcón.

De allí arranqué para el centro y estuve a punto de arrancar de cuajo la famosa ceiba de San Francisco, a la que hace tiempo le tengo ganas. Solo el respeto a la memoria de Apascacio, el célebre policía que hizo historia en ese lugar, me lo impidió.

Sin embargo, el que no pelé fue el mástil de la plaza San Jacinto, ese que nadie sabe qué significa ni para qué sirve, pero que estoy seguro me será de gran utilidad en la cocina para remover guisos.

Siguiendo la ruta y cumpliendo estrictamente las instrucciones del comando, me enfilé para El Calvario y no pudiendo llevarme sus históricas escalinatas, tuve que conformarme con el no menos importante Arco de la Federación. Si ustedes vieran lo bonito que luce en la entrada de mi apartamento.

Por lo pronto, estoy a la espera de los lineamientos de la dirigencia del Comando de Doñitas Roba Matas, pero ya tengo en la lista para futuras retribuciones a mis impuestos, nada menos que el Obelisco de Altamira, el Aula Magna de la UCV y, si me queda espacio en mi pequeño apartamento tipo estudio, Parque Central y las Torres de El Silencio.

4F/A´C PSUV MÉRIDA