Opinion

8.nov.2018 / 09:50 pm / Haga un comentario

Atraído por el aviso publicado en la prensa, en el que se anunciaba una novedosa terapia para combatir el estrés y mal humor producidos por las dificultades, que como consecuencia de la guerra económica, la inflación inducida y todas esas cosas que la derecha dice que son inventos nuestros; finalmente me animé a hacer una cita en la clínica que ofrecía alternativas de sanación para todos estos achaques que, como la mayoría de los venezolanos, vengo padeciendo de unos meses para acá.

Fue así como llegué al consultorio del doctor Arrechedera, especialista en el tratamiento de calenteras extremas, quien ha dedicado gran parte de su vida a profundizar en el estudio y tratamiento de los estados que sobrevienen después de una gran molestia, y a revertir los mismos con el objeto de lograr una mejor calidad de vida en sus pacientes.

Después de esperar cuatro horas para ser atendido, lo cual me irritó profundamente, su secretaria, una señora bastante mal encarada que ni siquiera me ofreció una silla para esperar, procedió a hacerme la historia médica, ocasión que aprovechó para insultarme y explicarme que, justamente, es de este modo como comienza el método arrechoterapeútico, buscando llevar al paciente a una situación exploratoria de sus niveles de rabia y, de paso, prepararlo para la consulta propiamente dicha.

Al ingresar al consultorio del doctor Arrechedera lo primero que me llamó la atención fue la decoración del lugar, con sus paredes totalmente tapizadas de malas noticias: recortes de periódicos con informaciones sobre catástrofes, terremotos, inundaciones y una muy completa colección de fotos de Donald Trump en las más insolentes y amenazantes poses.

Me invitó a recostarme sobre un sillón en el que sobresalían punzantes aguijones que, aunque dolorosos, iban acorde con el estilo dado a la habitación.

En la clásica actitud del psiquiatra que busca desentrañar la psiquis de su paciente, comenzó a hacerme preguntas ante las cuales resulta imposible mantenerse de buen ánimo: -

¿Cuánto pagó por el último cartón de huevos?, ¿le alcanza el sueldo para hacer mercado?, ¿Cuándo fue la última vez que fue a un restaurant?, ¿le han robado alguna vez la batería del carro?, ¿desde cuándo no va al cine?,¿recuerda el año en que compró su último par de zapatos?, ¿sabe a cuanto amaneció hoy el kilo de queso?

Entre gritos de furia volcánica, convulsiones y ataques de llanto, una a una fui dando respuesta a sus asquerosas preguntas, tras lo cual caí rendido en el piso, asumiendo la posición fetal recomendada para casos de regresión inducida.

Acto seguido, el doctor Arrechedera me pasó a un mesón en el que me pidió ordenar, como en el juego de memoria, una serie de láminas que mostraban los rostros de personajes más aborrecibles que se pueda imaginar, desde políticos y empresarios, hasta figuras del espectáculo, deportistas y representantes del clero.

Todos seres detestables, traidores de las más diversas calañas, individuos que han obrado de mala fe y que han causado daños inestimables a la humanidad. – Ahora, me solicitó el doctor, voltee esas imágenes y elimínelas del archivo de sus emociones. Sáquelas de sus más ingratos recuerdos y sepúltelas en el olvido.

No puedo negar que, a una semana de la consulta, me siento considerablemente mejor. Mis instintos criminales han desaparecido y ya, prácticamente, casi nada me produce arrechera

 

Cuatro F/APC PSUV Mérida

 

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