Opinion

15.nov.2018 / 07:43 pm / Comentarios desactivados

yeidi

Algún hombre “sabio” argumentó alguna vez que quien se somete al soberano vive a través de él, quien no, será aniquilado, es por esto que sería mejor ocultar la inteligencia de la conciencia para poder sobrevivir…

Han transcurrido siglos  de civilización, la humanidad ha sido testigo de procesos, guerras, hambruna, tifus; ha visto nacer ciudades, prehistoria, edad media, edad moderna, época medieval, feudalismo, campesinado, revoluciones, monarquías y todas se han contado sin incluir el rol femenino en igualdad de posiciones, pues en todo proceso ha sido el hombre quien caracteriza y protagoniza.

Aparece escasamente la mujer en la historia, la ciencia, el arte y la literatura. Lo que sí es evidente es ver como se clavaron codos para que no ascendieran en el orden social fijado por los hombres en el perenne Estado patriarcal. Mujeres frenadas limitadas a observar la distribución desigual del poder, mujer competente pero que no destaque; “mujer hombre incompleto y débil, un defecto de la naturaleza, ser sin terminar al que había que proteger y guiar” como decía Aristóteles.

Nuestras primeras representantes ancestrales, en el antepasado preparaban barro y horneaban cerámica, mezclaron cosméticos y dieron origen a la ciencia química, se encargaron de la agricultura, cría y recolección, descubrieron propiedades medicinales en plantas, aprendieron a almacenar sustancias vegetales; ¿es acaso alguno de sus nombres recordado por algún filósofo en un brillante texto?

En el antiguo Egipto las mujeres gozaron de grandes libertades, recibían herencias, podían comprar y vender, comerciar, andar libremente por las calles; en Mesopotamia, no estaban sometidas a los hombres, nace el famoso Código de leyes Hammurabi, tenían derechos y representación jurídica, eran escribas en el palacio del rey y eran respetadas como regentes ante sus hijos menores de edad. En Grecia en cambio era educada para ser esposa y era el padre quien le encontraba marido, las más libres eran las prostitutas, la división de la sociedad griega, el mundo de la política y la sociedad estaba reservada a los hombres.

Las mujeres romanas estaban vetadas en el quehacer político, adoptaban el nombre del padre en femenino y requerían de un tutelaje para su actuar social; las niñas no deseadas eran abandonadas al nacer y sometidas a esclavitud, a los 12 años contraían matrimonio en las escuelas públicas de las “hijas del pueblo, solo las del campo trabajaban tuteladas y administradas por el hombre. En la edad media pasan a protagonizar el campesinado, realizaban tareas agrícolas y mantenían a sus hijos con salarios inferiores a los de los hombres.

En la baja edad media aparecen los núcleos urbanos y crece una nueva clase social, la de los burgueses, por lo que se requiere mucha mano de obra y de la barata, la de la mujer, quien se apodera de la industria textil y todo lo que a la confección se refiere, la venta de frutas y hortalizas, la fabricación de cerveza y otros oficios precarios del mundo laboral donde comienza a abrirse paso el rol femenino.

La edad moderna trae consigo el período de profundas transformaciones, con el “descubrimiento” de América y el encuentro de nuevas culturas, aumenta el poder del Estado, pierde poder la iglesia y aparece –el humanismo-, la ciencia experimental y otros cambios bastantes negativos para el género femenino. Con el Renacimiento, renacen solo los varones; pues aquí se ven mejoras y posibilidades educativas y laborales para el hombre, prelando y vetando a la mujer de la educación humanista y los nuevos estados centralistas y uniformadores.

La brillante Mary Wollstonecraft (filósofa y escritora inglesa), en 1792 escribe la “Vindicación de los Derechos de la Mujer”, obra que planteaba la defensa de los derechos de las mujeres contra su constante anulación social, jurídica y política y, que se tiene como el inicio o el comienzo del movimiento feminista contemporáneo, pues solicitaba educación para la mujer y participación en la vida pública. No es sino hasta su muerte que su marido publica las memorias de vida, hecho que daña su reputación por más de un siglo, argumentaban no se apegaba a la conducta ortodoxa que debía poseer la mujer para la época. Hoy en día, es considerada como una de las figuras fundacionales de la filosofía feminista y los feministas la citan a menudo como una influencia importante tanto por su vida como por su obra.

Ya en el siglo XIX, las transformaciones ideológicas y la aparición en Inglaterra del proceso de industrialización lanza a las mujeres a las fábricas, con jornadas incansables de 16 horas continuas y con pagos inferiores, las mujeres de clase alta contrataban sus servicios como criadas para distinguirse y sobresalir un poco más en lo que consideraban su “apestosa” clase, aparecen las institutrices y se prolifera la prostitución como una profesión. Es en este siglo donde comienza la lucha por el derecho al voto y aumentan las concentraciones y movimientos de mujeres que luchaban por la inclusión y la igualdad, creando en Inglaterra una organización propia dentro del partido socialista.

Es Nueva Zelanda en 1893 quien marca la pauta al consagrar el derecho al voto femenino y así se fueron sumando otros países: Imperio Ruso 1906, Noruega 1913, Dinamarca 1915, Alemania 1918, EE.UU. 1920, Suecia 1921, Gran Bretaña 1928, España 1931, Francia e Italia 1945, Venezuela 1946.

Es así como vemos la transformación de la mujer dentro del proceso histórico del Estado, la evolución y el constante cambio,  somos pieza fundamental en la sociedad actual, en los últimos años en Latino-américa hemos destacado a raíz del resurgimiento de Estados y gobiernos progresistas, de 46 mandatarias mundiales, 11 han sido representantes de nuestra región, vamos desde María Martínez de Perón, Cristina Fernández, Michelle Bachelet, Dilma Rousseff, hasta combatientes que representan dignamente nuestro Estado desde múltiples posiciones políticas.

En la andada son muchas a las que debemos recordar por la lucha histórica, debemos reivindicar sus memorias y devolverles lo perdido; las páginas de Mary Wollstonecraft, Eva y su pecado original, Juana de Arco y la guerra de los cien años, el lienzo revolucionario y comunista de Frida Kahlo, el nobel literario de Szymborska, Golda Meir y su papel político en Israel, el asiento blanco de Rosa Parks, las Madres de la Plaza de Mayo, la crítica de Mafalda, la ejecución de Ana Bolena, la irreverencia de Cleopatra, el trono de dos tierras de Hatshepsut, el espionaje de Mata Harí, la eminencia soprano de María Callas, la melodía de Teresa Carreño, el ímpetu de Diana de Gales, la lucha de Simone de Beauvoir, las acciones humanitarias de Teresa de Calcuta, la ética política de Indira Gandhi, la devoción de María Magdalena, la fidelidad de Penélope, el reinado de Nefertiti, el don profético de Cassandra, la abogacía ejemplar de Victoria Kent, la cruzada de Galia Moss, la “traición” de María Antonieta, el premio nobel de la paz de Malala Yousafzai, el primer profesorado femenino de Marie Curie, las luchas libertarias de Manuela Sáenz, la crianza de Hipólita, el mal de la belleza de Pandora… Son muchas, son tantas, seremos más. Pues si gobernáramos el mundo nuestra matriz acabaría con la guerra, pues creo no seríamos capaces de matar al hijo que otra de nosotras parió.

Decía Escandar que, “mirara donde mirara solo veía mujeres luchando. Mujeres cargando, mujeres abriendo, mujeres curando. Madres que se crujen el alma agachándose para quitar las piedras que le salieron a tu camino, para que yo no tropiece”, mujeres a las que la sociedad obliga a ser madres, costilla, florero, cenicienta, objeto, producto, pecado original, siempre preparada como las deseen los hombres; culpa, costilla, violencia doméstica, burka, burdel, ablación… No más, nunca más.

Cuatro F/APC PSUV MÉRIDA